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La crisis del coronavirus nos está trayendo muchos aprendizajes a todos los niveles, desde valorar más lo que tenemos hasta poner en marcha nuestra capacidad de adaptación, como estamos haciendo desde Adbibo, al igual que todos vosotros, practicando el teletrabajo.

Existen muchas empresas que vienen implementando esta modalidad de trabajo en su día a día desde hace tiempo. Ya sea por su cultura empresarial, por su modelo de negocio, por la costumbre del país donde opera o por otros factores, como la ausencia de oficinas o una gran plantilla freelance.

Sin embargo, lo cierto es que en España somos muchas las empresas que dejamos el trabajo en remoto para ocasiones especiales, como viajes o enfermedades leves de los empleados.

 

 

Estos días de confinamiento, donde no ha quedado otra alternativa, todas aquellas empresas que tenemos la capacidad de ponerlo en marcha, estamos descubriendo el mundo del teletrabajo.

Por suerte, al ser una empresa puramente digital, tanto en gestión interna como en servicios ofrecidos, contamos con todos los factores para que trabajar desde casa sea posible: conexión a Internet, ordenador, fuentes de recursos en la nube y no en equipos locales, chat interno o sala propia de reuniones virtuales.

Gracias a ello, todos los miembros de la empresa podemos desempeñar nuestro día a día con absoluta normalidad (aunque nos extrañamos los unos a los otros). Pero, aunque todo parece muy cercano a lo que estamos acostumbrados, lo cierto es que estamos adquiriendo una serie de aprendizajes que no podríamos adquirir de otra manera:

1.Adaptarnos a una nueva rutina.

Todos somos conscientes de la importancia de la resiliencia. No sobrevive quien tiene más recursos, sino quien se adapta mejor al medio. Sin embargo, crear una nueva rutina o buscar algo diferente en nuestros ya estructurados días resulta algo complicado.

Así que el proceso de: “ducha > café > niños al cole > metro > trabajo > comer > trabajo > metro > casa” no ayuda mucho en eso de adaptarnos a algo nuevo.

Pero el pasado 10 de marzo en Adbibo supimos que algo nuevo vendría. Y que la situación iba a necesitar nuestra mejor predisposición al cambio.

De un día para otro, todo lo que conocíamos debía ser rápidamente sustituido. Irnos a trabajar a casa no solo iba a suponer una situación nueva, sino que iba a traer actitudes nuevas también en nosotros.

2.Organizar nuestro espacio de trabajo.

¿A cuántos nos ha pasado que tenemos la mesa hecha un caos? Quizá no de manera permanente, pero en ocasiones puntuales, la prisa de ese día, el exceso de reuniones o esa larga comida con clientes, ha hecho que no tengamos nuestra mesa tal y como nos gustaría.

Esto no solo se debe a la falta de tiempo para hacerlo, sino también a la falta de interés en sí. Sabemos cuál es nuestra mesa de trabajo, podríamos llegar perfectamente a ella con los ojos cerrados por toda la oficina, coger un boli o teclear la contraseña sin despeinarnos. Porque el sitio siempre está ahí y todo en su lugar.

Ahora nuestro sitio no está ahí y hay muchas cosas fuera de lugar. Hemos tenido que buscar nuestro propio rinconcito para llevar a cabo el teletrabajo. Algunos improvisando una pequeña oficina en el salón y otros descubriendo que tenemos una silla de escritorio debajo de tanta ropa.

Nuestro espacio de trabajo ha cambiado y ahora está a muy pocos metros de donde dormimos o comemos. La necesidad de tener nuestra zona de trabajo organizada más que nunca reside en la necesidad que tiene el ser humano de diferenciar entre la vida personal y la laboral. Y esto obliga a buscar un lugar organizado.

3.Mantener la comunicación con el equipo.

En Adbibo estamos habituados a trabajar codo con codo con todos los departamentos en una oficina donde no hay apenas despachos y todos trabajamos juntos.

Solemos hacer reuniones presenciales con la frecuencia que lo requiera y disponemos de una cocina que se vuelve el patio del recreo a la hora de comer, por no hablar de los cumpleaños todos juntos y con churros, claro.

Ser poquitos nos hace doblemente felices: nos sentimos orgullosos de lo que somos capaces de hacer y la comunicación en vertical y en horizontal es realmente fluida.

Esto podría parecer muy difícil de implementar en jornadas de teletrabajo, así que lo que hemos hecho ha sido, de nuevo, adaptarnos: duplicar la frecuencia de comités de dirección, convertir la newsletter interna mensual en una call todos juntos, empezar el día con una call de departamento, hacer que el chat interno eche humo…Y, por supuesto, tomarnos las cervezas de manera virtual a las 18.30.

En un mundo hiperconectado, estar en contacto con el equipo es más fácil que nunca. E incluso estos días, más necesario que antes.

4.Ser más productivos

Los datos nos venían diciendo que estábamos haciendo las cosas bien este 2020: clientes contentos, campañas exitosas…Esto nos hacía pensar que nuestro trabajo estaba yendo en la buena dirección.

Sin embargo, estos días de confinamiento y teletrabajo nuestra productividad de equipo no solo se ha mantenido en los valores habituales, sino que hemos aprendido técnicas para ser más productivos.

La nueva situación a la que nos enfrentamos nos ha hecho fijar unas bases que se traducen en mayor productividad:

  • Organizar los departamentos y adecuarlos a la nueva situación en poco tiempo.
  • Adaptar procesos y reasignar responsabilidades en pro de la agilidad.
  • Simplificar reuniones.
  • Establecer canales de comunicación tan rápidos como el cara a cara.

Aunque también es cierto que la ausencia de comidas y reuniones en la otra punta de Madrid, así como la ausencia de atascos u horas de metro de ida y vuelta han hecho que podamos invertir nuestras mejores horas y energías en nuestro trabajo.

5.Valorar el lugar de trabajo habitual.

La costumbre de ir cada día al mismo sitio hace que nuestro comportamiento autómata nos impida ni siquiera saber cuál es la dirección, pues vamos por inercia cada mañana.

En estos casos, es realmente complicado poner en perspectiva lo que tenemos. Ni siquiera sabemos si la oficina es luminosa, ni si estamos en la primera o segunda planta. También nos cuesta a veces ver quién se sienta al lado.

Pero estos días, ¿cuántos estamos echando de menos nuestro lugar de trabajo? ¿Quién nos iba a decir que añoraríamos nuestro escritorio, el olor a limpio del servicio de limpieza o el atasco mañanero para ir a nuestro sitio?

No somos conscientes de lo que tenemos ni a quién tenemos, pero hoy en día ¿no tenéis la sensación de que estáis más cerca de vuestros compañeros que antes?

Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde.

6.Reportar mejor

Reportar a un superior no es una cosa que se aprenda de un día para otro. Contar cómo están yendo las cosas y qué decisiones propones tomar puede llevar a muchos más de una hora.

Además, no solo hablamos del tiempo en sí. El mero hecho de tener al lado a quien queremos reportar hace que no valoremos la claridad, pues sabemos que papel y boli están ahí. Pero…¿qué pasa cuando no estamos con el equipo o con los superiores presencialmente?

Estos días estamos aprendiendo ya no solo que el tiempo es oro, sino que la necesidad de transmitir la ideas en pocas palabras y con insights de acción claros son la clave de un buen reporting.

Por ejemplo, en Adbibo, tratamos las conclusiones de los informes en una call, pero previamente cada miembro de la reunión ha mirado el orden del día y ha preparado y enviado la documentación necesaria a los involucrados. ¿El objetivo? Hacer que las reuniones no sean eternas.

¿Y sabéis qué es lo más curioso? Que lo estamos consiguiendo con llantos de bebé, timbrazos de carteros y olor a paella por toda la casa.

El teletrabajo parecía un modelo alejado de la productividad y el compañerismo, pero en Adbibo hemos sido capaces de adaptar nuestra rutina y valores a esta nueva situación.

Y vosotrxs, ¿qué estáis aprendiendo del teletrabajo?