Internet ha dejado de ser esa cosa rara que muy pocos conocían, poco a poco se ha ido filtrando en nuestro quehacer diario, impregnando o incluso dictaminando qué hacemos cada mañana nada más levantarnos, o mientras esperamos a que nos sirvan la comida en el restaurante.

Y ésto es aún más llamativo teniendo en cuenta la facilidad de acceso que tenemos a la tecnología móvil, que nos permite buscar en Internet o usar aplicaciones casi sin darnos cuenta. Seguramente te cueste encontrar un conocido que no use un móvil con acceso a Internet, ampliando incluso el rango de edad, prácticamente empezamos a usar esta tecnología desde los pocos años, y hasta los mayores reconocen su utilidad y hacen lo posible por adaptarse y sacarle provecho.

Deberíamos darnos cuenta entonces que todo ésto ha sido posible entre otras cosas gracias a que cada vez es más fácil usar los móviles modernos, así como otros dispositivos “conectados”, que como hilos de una tela de araña se van adhiriendo a nuestro día a día, naturalizando acciones como mirar un mensaje desde el reloj digital, hablar por teléfono sólo diciendo en voz alta a quién quieres llamar o desbloqueando el ordenador sonriendo a la amable cámara del portátil.

¿De qué estamos hablando?…

Esta facilidad de uso se denomina técnicamente usabilidad, ha sido y cada día deberá ser uno de los principales pilares en los que se apoye la forma en que pensamos y diseñamos aquello que esté en Internet… ¡Pero si Internet está por todas partes!, somos (seamos conscientes o no) partes de la red, una red artificialmente viva pero que evoluciona y se adapta constantemente.

El ritmo evolutivo de Internet es tan alto que es imposible estar al día de los nuevos conceptos o aplicaciones “one shot” que salen cada día, nos inundan nuevos hashtags, se reinventan conceptos para adaptarlos al lenguaje de las nuevas generaciones, todo en el tiempo de hacer un click.

Con esta reflexión quería situarnos ante uno de los dilemas contra los que se enfrenta la usabilidad constantemente, si todo cambia tan rápido, si tengo tantos usuarios nuevos y diferentes, ¿cómo puedo encontrar la solución perfecta para todos?. La respuesta probablemente la conozca, no puedes, no existe una solución para todos los usuarios y todas las eventualidades, tienes que encontrar una respuesta para la mayoría, algo que sepan reconocer fácilmente y se integre en sus rutinas diarias naturalmente, de esta manera no sentirán la frustración de enfrentarse a conceptos que no entienden o que les exigen un tiempo de aprendizaje del que no disponen.

 

Y ¿Cómo podemos mejorar la usabilidad?

La mejor forma de aprender a mejorar la usabilidad de tu web o aplicación es estudiando al usuario típico, a tu cliente habitual. ¿Qué aplicaciones tiene instaladas en su móvil?, observa los patrones y la distribución de la información en dichas aplicaciones, si las usa es porque ya ha interiorizado su funcionamiento, podrás aprender mucho de cómo las usa para diseñar tus propios patrones e interacciones. Quizás te interese estudiar a un grupo de tus usuarios, ver cómo interactúa con tu web y con otras, no tengas miedo de aprender de ellos, y se sentirán bien por ayudar a mejorar su herramienta del día a día.

El segundo paso es el autodescubrimiento, esa sensación de “¡Wow!” cuando descubrimos algo nuevo que podemos hacer y no percibimos al principio, todo lo que podría denominarse “uso avanzado” de tu aplicación. Tengamos en cuenta que diseñamos para la mayoría, de modo que sólo una minoría utilizará determinadas opciones, y tendremos que organizarlas de manera que no confundan al usuario medio ni provoquen resultados no deseados.

Ésto también nos permite adaptar poco a poco nuestra aplicación, añadiendo nuevas funcionalidades de manera gradual, una vez que el usuario se acostumbra a ese efecto de descubrimiento, incluso llegando a crear una sensación de expectación cuando las actualizaciones son cíclicas y anunciadas con cierta antelación (pensemos en las típicas actualizaciones semanales de los juegos de móvil), el usuario se prepara mentalmente para dicha actualización de manera que cuando esté implantada ya no le supondrá un problema y estará deseando descubrir qué nuevas funcionalidades se le ofrecen.

Raramente pensamos en lo que supone que toda esta tecnología esté en nuestras manos, y desde el punto de vista de un UX Engineer (término acuñado por Google hace ya unos años) es obligatorio pensar no sólo en la facilidad de uso y el diseño, sino en lo factible que es tecnológicamente, en los riesgos y desafíos que implica mover el listón un poco más allá o prever los cambios que se avecinan en los dispositivos que nos sirven de puerta a Internet.

No podemos olvidar que el medio nativo de estos dispositivos y aplicaciones es Internet, la web que Tim-Berners Lee inventó hace treinta años, cada día es más una web abierta y democrática y menos una aplicación propietaria, de ello se están encargando los responsables de los navegadores, que trabajan en conjunto para permitir que las propias webs sean cada vez más seguras, capaces de acceder a más funcionalidades del dispositivo que las utiliza e instalables universalmente, tanto desde la propia web como desde las tiendas de aplicaciones (las denominadas Progressive Web Apps).

 

Algunos consejos más sobre la usabilidad

Cada segundo jueves de Noviembre se celebra el Día Mundial de la Usabilidad y nos preguntamos… ¿Cómo podemos mejorar la usabilidad entonces?, simplifica las herramientas, clasifica gradualmente las capas de complejidad de forma que el usuario las vaya descubriendo conforme las necesite, crea un rastro de migas de pan para guiarle y anticipar los cambios que se incorporarán naturalmente en su web, aprende del usuario y pídele su opinión, y piensa que tu web podría estar el día de mañana en cualquier sitio, no sólo en un móvil o en la pantalla de un ordenador.